
De entrada, no parecía haber mucho en común entre estos dos músicos, salvo la afiliación que los críticos, periodistas y locutores les habían inventado al género de moda el glam.
El primero de estos es Low, (1977) en donde un solo track está firmado por los dos, pero que sin embargo está plagado de signos enianos:
Los cortes instrumentales y mil pequeños y grandes detalles en los arreglos a varias piezas compuestas por Bowie, tienen la huella de Eno, una pieza bella e inmortal que se llama Warszawa, es una muestra de como se fusionaron las ideas de uno y otro en una obra que puede ser considerada como maestra no sòlo en el ámbito del rock, sino en el de la música concreta, el jazz y todos los que se le ocurran a usted.
El segundo álbum, es el celebrísimo y celebradísimo Heroes, (1977) que es una especie de continuación de Low, como si hubieran faltado caminos por explorar o se hubieran quedado estructuras a medio construir, tiene la misma configuración: una combinación de piezas instrumentales y las típicas canciones Bowianas, sorprendentes y perfectamente equilibradas entre lo convencional y lo vanguardista, entre la complacencia y el experimento.

La trilogía se completa con Lodger, (1979) que es el extremo de la introducción de elementos experimentales y arriesgados sin concesiones a nadie que no sea al arte, es un disco más de Eno pero marcado con la mano de Bowie al contrario de los otros dos que parecen discos indiscutibles de Bowie, pero enriquecidos y transformados por la mano de Eno, es un disco hecho con las propias convicciones y por supuesto con la seguridad de que con el tiempo tendría que tener su reconocimiento.

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