miércoles, 10 de septiembre de 2008

LA GRAN JANIS.



UN BLUES DE ROSTRO PÁLIDO.

Kozmic Blues fue mi disco favorito de la adolescencia, de todos los que me pertenecían (cinco) este era el que más escuchaba, descubrir esa voz impactante de timbre extraño que emocionaba porque sin entender una palabra de lo que decía me hacía sentir tristeza o nostalgia o alegría, y esto pocas veces me había sucedido. Escuchando a Janis, imaginaba historias, traducía el título y de acuerdo a lo que me decía la lastimera voz de La bruja cósmica, como le decían en mi programa favorito del radio: Vibraciones, creaba mi propia versión, por ejemplo, en Kozmic, escuchaba la voz desesperada de la Joplin e imaginaba un abandono que provocaba un indescriptible dolor.

Nacida en Texas y en una familia de clase media tuvo pocos amigos siempre, porque no era bonita, porque era rebelde y porque manifestaba ideas extrañas, como su rechazo al racismo y frecuentaba clubs en donde se cantaba la música afroamericana a la que se aficionó de tal forma que empezó a cantarla.

Janis fue la primera mujer blanca que fue aceptada unánimemente por crítica, público y disqueras como intérprete excelsa del blues, en una época en que los negros cantaban música negra y los blancos, música blanca.

Un tanto inestable en sus emociones y una actitud antisocial que le dificultaba las relaciones públicas, la hicieron una mujer muy sufrida, inconstante en su trabajo, adicta todo lo que le permitiera ver la realidad un poco menos cruda y desafortunada en el amor, la convirtieron en suicida a muy corta edad, cuando su carrera estaba en el mejor momento, cumplió el adagio Vive rápido y muere jóven, que la emparentó con otras leyendas como Morrison o Cobain y crearon sus mitos de belleza y juventud eternas.



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