martes, 20 de octubre de 2009

RESEÑA

MONO

Debo confensar que no soy fiel y devoto admirador o seguidor del post-rock; ese género nacido por ahí de los 90s, ese género melodioso y armónico y, a la vez, estridente y (cacofónico), lleno del poder de la instrumentación clásica rockera, pero embelesado por las melancolicas melodías del kraut o el minimalismo... en realidad es difícil describir (o catalogar) el género. Como no soy gran fan del post-rock, fui al concierto de la banda japonesa Mono con pocas expectativas, y más por curiosidad que por verdadero fanatismo.

La primer cosa grata de la noche fue el recinto; el Polyforum Cultural Siqueiros es un lugar increíble, bello, con excelente acústica y capaz de crear una atmósfera especial cuando se admira en su interior la obra del gran muralista mexicano. La primer cosa notangrata de la noche fue la banda abridora Sad Breakfast, chilangos postrockeros que no sonaron nada mal, pero que tampoco aportan nada original a la escena (la triste historia del rockcito nacional). Mientras los teloneros hacían lo suyo el respetable se dedicó a lo suyo y yo admiraba al cuate que se puso a pintar sobre el escenario inspirado por la musiquita.

Otra sorpresa fue ver a los propios integrantes de Mono salir a hacer el soundcheck, sólo tenían una persona de staff y ellos hicieron toda la preparación antes de tocar. Pero la mayor y mejor sorpresa fue cuando el cuarteto asiatico comenzó a tocar.

La canciones de Mono son instrumentales, largas y tienden a llevar más o menos una dinámica similar: algunos arpegios con tintes orquestales y ataques "ruidosos" con efectos en las guitarras y luego más melodías lentas y dulces. No quiero decir que la música de Mono sea simple o aburrida, todo lo contrario querido lector. Desde la primer rola me clavé en la calidad musical de estos cuates... la acústica del polyforum levantó el sonido volviéndolo increíble, los de Mono saben perfecto lo que quieren y lo logran... es emocionante como logran que cada sonido de cada instrumento sea perceptible dentro del "ruido". Es demasiado diferente escuchar las canciones en vivo que en disco; en vivo adquieren otro significado, pues las emociones involucradas en los interpretes y los escuchas les dan un sentido nuevo. Mono consigue que el escucha aprecie las texturas de cada sonido, desde los arpegios minimalistas hasta los guitarrazos estridentes.

Me cuesta definir o describir la música de Mono, sólo puedo decir que la noche fue una sorpresa increíble; ocho canciones en cási dos horas (no estoy seguro) y el tiempo voló. Mono logró llenar el recinto de emociones, a pesar de no hablar ni una sola vez durante la presentación, de su inexpresión y aparente frialdad, de su tímida sonrisa al final del concierto. No era necesario, las lágrimas del guitarrista Takaakira Goto mientras tocaba lo explicaron todo.

Para saber más de esta banda japonesa click aquí.


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