lunes, 30 de enero de 2012

LOS DISCOS DE 1972. Ziggy Stardust.


DAVID BOWIE.
"The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars".
1972.


A menudo considerado el disco más representativo del glam, el que lo sintetiza y expone sonido a sonido, letra a letra y actitud, con mucha más frecuencia nominado como la insuperable obra maestra de Bowie, "The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars", nombre completo del conocidísimo "Ziggy Srtardust", no puede faltar en una antología del año 1972, ni en una de la década setentera, bueno, ni en una de la historia del rock.

Cuarto disco de David Bowie, que no de David Jones, como apareció en su primera grabación y de algún modo, continuación de "The Man Who Sold the World" de 1970, que era un disco muy cercano a lo que se dió en llamar "discos conceptuales", en su registro del '72, Bowie desarrolla a lo largo del disco, la historia de Ziggy Stardust, un rockstar llegado del espacio y con apariencia andrógina, una síntesis de la propia personalidad de Bowie en el momento, convertido en estrella del espectáculo roquero, máximo representante del glam junto con Bolan y aficionado a la literatura de anticipación, el arte futurista y los relatos de ciencia-ficción.

Aprovechando estas tres vertientes de inspiración (rock, estética glam y futurismo), Bowie elaboró una historia de ciencia- ficción, con un mundo al borde de la destrucción, extraterrestres encantadores y amenazantes arribando a una Tierra decadente y caótica, al mismo tiempo, hace un retrato de la escena del rock en esos días, convertido en espectáculo de masas, negocio por demás jugoso, hijos de la clase obrera transformados en millonarios por obra y gracia del rock y todos los vicios y riesgos de todo lo que crece desmedidamente.

El estilo lírico de Bowie, consistente en "flachazos" sucesivos que van configurando imágenes, metáforas y figuras poéticas que enriquecen a la imagen global, sazonada de acidez y sentido crítico, su voz, extraordinariamente versátil: a veces festiva, otras angustiada o serena, pero en todo momento llena de pasión y emoción, la voz de uno de los grandes vocalistas del rock de todos los tiempos, pero aspecto opacado por los talentos como compositor y hombre-espectáculo del gran camaleón.

Y por último la música, canciones rayanas en la perfección, melodías y arreglos que se antojan únicos para cada texto e imposibles de sustituir por otras, equilibrio entre sencillez y elaboración extrema, con la dotación instrumental casi básica del rock: guitarras, bajo, batería, piano y sax, este último ejecutado por el propio Bowie, para aquellos que no sepan que el sax es el instrumento que estudió y mejor domina; el piano y guitarra líder a cargo del nunca suficientemente reconocido Mick Ronson, que en esos momentos era sin duda el mejor guitarrista del rock británico (con el perdón de Dios-Clapton) y aspirante al trono universal tras la desaparición de Hendrix.

El resto de los que hicieron el disco eran: Trevor Bolden en el bajo, exacto, creativo e indispensable en el sound global y Mick Woodmansey en los tambores, los dos héroes anónimos, junto con Dana Gillespie, la dama que hace los coros en "It Ain't Easy" y por si todo esto no fuera suficiente para conformar uno de los más grandes discos de la historia, la portada también podría competir entre las más creativas, vistosas y completas de todos los tiempos.













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