martes, 25 de mayo de 2010

INVITADOS. El Tianguis del Chopo.


EL TIANGUIS DEL CHOPO.

Por Asael Grande García.




¿Quieres leer un blog especializado en rock y contracultura? La Crema Rock es una muy buena opción, Asael, su autor ha ido desarrollando un proyecto que no se queda en un blog más y poco a poco va conformando una verdadera enciclopedia de los temas mencionados, desde hace tiempo es nuestro lector, como nosotros somos de su espacio y hoy se unió a nuestro festejo con éste texto sobre el espacio roquero por autonomasia en la Gran Chilangotitlán, El Tianguis del Chopo, bienvenido Asael.


“La juventud es una etapa en la vida. Es una actitud mental frente a ella. Seremos jóvenes en la medida de nuestra fe, de la confianza en nosotros mismos y en tanto la esperanza aliente nuestro sánimos. Sólo habremos envejecido si al corazón lo cubren las nieves de la derrota y los hielos del escepticismo”:

Gral. Douglas Mc Arthur

Con este panorama de grandes crisis, con la nueva modernización, la globalización, las privatizaciones, la “renovación moral”, el narcotráfico, la corrupción amenazante, el terror del sida, el deterioro ecológico, y la renegociación de” la deuda eterna”, surgió a principios de los 80 un espacio urbano que ha concentrado a lo largo de dos décadas una serie de elementos materiales y simbólicos relacionados con el Rock.

Lugar mágico, lugar desconocido que ve pasar millares de jóvenes a descargar su energía vital, jóvenes provenientes de todas partes de la urbe capitalina, vestidos con sus mejores galas rocanroleras acuden cada fin de semana a intercambiar sus discos, a charlar sobre rock, a conseguir información, a realizar un negocio, a reunirse con los cuates, al reventón, simplemente a “agarrar la onda”, a sintonizarse con la frecuencia adecuada en la manera de ser, de hablar, de vestir, de comportarse ante los demás; entender, captar bien la realidad, no sólo la apariencia, llegar al meollo de los asuntos y no quedarse en la superficie.

Punto de concentración de la tensión del sistema social, el Tianguis Cultural del Chopo agudiza los antagonismos de intereses que se constituyen por una participación diferenciada y desigual en los procesos de producción y reproducción de la vida social, el Tianguis del Chopo es acción y representación.

El Tianguis del Chopo es el punto de tensión donde confluyen cientos de jóvenes por un gusto común: el Rock. El tianguis rockero, mejor conocido como “El Chopo”, es un centro urbano que elimina los sistemas de explotación, de dominación y de hegemonía. Al caminar por las calles del tianguis, los chavos nos muestran orgullosos los materiales discográficos inconseguibles que llevan en sus manos, los discos de moda; los chavos del “chopo” tienen una actitud de resistencia, una especie de “puesta en escena” para mostranos su estilo de vida.

La vida en “el chopo” es un gran acontecimiento sabatino, es el paisaje natural del barrio, es un territorio libre, con novedades del rock, la compra-venta de música es para el tianguis su práctica obligatoria. Los asistentes al tianguis se encuentran dispuestos y entusiasmados de vivir la experiencia de las pláticas y charlas habituales centradas exclusivamente al rock, a los conciertos y a las novedades discográficas.

El territorio chopero es un espació construido por y para los amantes del rock, es un espacio sujeto a una espacialidad determinada, organiza y genera en los actores urbanos unas formas de ser-estar que podemos denominar “prácticas sociales”.

“El chopo”, es entonces el escenario de un conjunto de interacciones sociales protagonizadas por jóvenes y adultos contemporáneos marcadas por características que comportan otra visión del mundo, otra forma de percibir, vivir y sentir la realidad.

Como cada sábado, cerca del mediodía, el sol pega de lleno en el asfalto, no hay árboles lo suficientemente grandes para cobijarse del calor. En las esquinas de la calle Aldama, entre Sol y Luna de la colonia popular Guerrero, llega el tumulto de chavos, atraen la atención sus vestimentas oscuras, todos se saludan, se encuentran con los cuates, cotorrean, todos ¡están bien chidos!, ¡muy acá!, al slir del metro, algunos chavos patinan, ven a la banda que apresura el paso hacia el tianguis, otros reparten a la entrada de la calle los textos que anuncian los próximos reventones, otros pasan el rato jugando su golo, pero nadie permite la violencia y que se lastimen seriamente.

Los chavos circulan con sus discos en mano, con sus libros y videos para el cambalache, es el clásico trueque azteca; en el asfalto y en las banquetas se colocan los puestos, que llaman la atención de la “chaviza” y del aficionado común y corriente.

Los “chavos de la onda” acuden al tianguis en busca de artesanías, morrales y mochilas de cuero, collares de barro y porcelana, playeras alucivas a grupos de rock, pantalones negros, acetatos antiguos, casettes piratas, audios de conciertos, videos, libros, revistas, en fin, todo lo que tenga que ver con el mundo del rock. Además de la chaviza, también en el chopo se dan cita escritores, pintores, periodistas, sociólogos, locutores, promotores, músicos, etc.

La vida en “el chopo” es un gran acontecimiento sabatino, es el paisaje natural del barrio, es un territorio libre, con novedades del rock, la compra-venta de música es para el tianguis su práctica obligatoria. Los asistentes al tianguis se encuentran dispuestos y entusiasmados de vivir la experiencia de las pláticas y charlas habituales centradas exclusivamente al rock, a los conciertos y a las novedades discográficas.

El territorio chopero es un espació construido por y para los amantes del rock, es un espacio sujeto a una espacialidad determinada, organiza y genera en los actores urbanos unas formas de ser-estar que podemos denominar “prácticas sociales”.

“El chopo”, es entonces el escenario de un conjunto de interacciones sociales protagonizadas por jóvenes y adultos contemporáneos marcadas por características que comportan otra visión del mundo, otra forma de percibir, vivir y sentir la realidad.

Como cada sábado, cerca del mediodía, el sol pega de lleno en el asfalto, no hay árboles lo suficientemente grandes para cobijarse del calor. En las esquinas de la calle Aldama, entre Sol y Luna de la colonia popular Guerrero, llega el tumulto de chavos, atraen la atención sus vestimentas oscuras, todos se saludan, se encuentran con los cuates, cotorrean, todos ¡están bien chidos!, ¡muy acá!, al slir del metro, algunos chavos patinan, ven a la banda que apresura el paso hacia el tianguis, otros reparten a la entrada de la calle los textos que anuncian los próximos reventones, otros pasan el rato jugando su golo, pero nadie permite la violencia y que se lastimen seriamente.

Los chavos circulan con sus discos en mano, con sus libros y videos para el cambalache, es el clásico trueque azteca; en el asfalto y en las banquetas se colocan los puestos, que llaman la atención de la “chaviza” y del aficionado común y corriente.

Los “chavos de la onda” acuden al tianguis en busca de artesanías, morrales y mochilas de cuero, collares de barro y porcelana, playeras alucivas a grupos de rock, pantalones negros, acetatos antiguos, casettes piratas, audios de conciertos, videos, libros, revistas, en fin, todo lo que tenga que ver con el mundo del rock. Además de la chaviza, también en el chopo se dan cita escritores, pintores, periodistas, sociólogos, locutores, promotores, músicos, etc.



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